Dios guía a su Iglesia
Prefacio Propio
Te damos gracias, Señor y Padre nuestro, te
bendecimos y te glorificamos, porque has creado todas las cosas y nos has
llamado a la vida.
Tú nunca nos dejas solos, te manifiestas vivo y presente en medio de nosotros.
Ya en tiempos antiguos guiaste a Israel, tu pueblo, con mano poderosa y brazo
extendido, a través de un inmenso desierto.
Hoy acompañas a tu Iglesia peregrina, dándole la fuerza de tu Espíritu.
Por medio de tu Hijo nos abres el camino de la vida, para que, a través de este
mundo, lleguemos al gozo perfecto de tu reino.
Por eso, con los ángeles y los santos, cantamos sin cesar el himno de tu
gloria:
Parte común de
Santo,
Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra
de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Te
glorificamos, Padre Santo, porque estás siempre con nosotros en el camino de la
vida, sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega para el banquete pascual
de su amor.
Como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús, él nos explica las
Escrituras y parte para nosotros el pan.
Te rogamos, pues, Padre todopoderoso, que envíes tu Espíritu sobre este pan y
este vino, de manera que sean para nosotros Cuerpo y + Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro.
Él mismo, la víspera de su Pasión, mientras estaba a la mesa con sus discípulos tomó pan, te dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros".
Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino, te dio gracias con la plegaria de bendición y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
"Tomad
y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza
nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el
perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía"
Éste es
el Sacramento de nuestra fe.
o bien
Éste es el Misterio de la fe.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
o
bien
Aclamad el Misterio de la redención
Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas
o
bien
Cristo se entregó por nosotros.
Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.
Por eso,
Padre de bondad, celebramos ahora el memorial de nuestra reconciliación, y
proclamamos la obra de tu amor:
Cristo, tu Hijo, a través del sufrimiento y de la muerte en Cruz, ha resucitado
a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.
Dirige tu mirada, Padre santo, sobre esta ofrenda; es Jesucristo que se ofrece
con su Cuerpo y con su Sangre y, por este sacrificio, nos abre el camino hacia
ti.
Señor, Padre de misericordia, derrama sobre nosotros el Espíritu del Amor, el
Espíritu de tu hijo.
Fin de la parte común. Ir a [b], [c], [d]
Fortalécenos con este mismo Espíritu a todos
los que hemos sido invitados a tu mesa, para que todos nosotros, pueblo de
Dios, con nuestros pastores, el Papa N., nuestro Obispo N., con los presbíteros
y los diáconos, caminemos alegres en la esperanza y firmes en la fe, y comuniquemos
al mundo el gozo del Evangelio.
Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos que murieron en la paz de
Cristo, y de todos los demás difuntos, cuya fe sólo tú conociste; admítelos a
contemplar la luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la vida en la
resurrección.
Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también a
nosotros en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria.
En comunión con
Por Cristo, Señor nuestro.
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre
omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
Amén.
Jesús, nuestro camino
Prefacio Propio
Te damos
gracias y te bendecimos, Dios santo y fuerte, porque diriges con sabiduría los
destinos del mundo y cuidas con amor de cada uno de los hombres.
Tú nos invitas a escuchar tu palabra, que nos reúne en un solo cuerpo, y a
mantenernos siempre firmes en el seguimiento de tu Hijo.
Porque sólo él es el camino que nos conduce hacia ti, Dios invisible, la verdad
que nos hace libres, la vida que nos colma de alegría.
Fortalécenos a cuantos nos
disponemos a recibir el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y haz que, unidos al Papa
N., y a nuestro Obispo N. Seamos uno en la fe y en el amor.
Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y
la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos
disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de
justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir
esperando.
Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos que murieron en la paz de
Cristo, y de todos los demás difuntos, cuya fe sólo tú conociste; admítelos a
contemplar la luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la vida en la
resurrección.
Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también a nosotros
en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu
gloria.
En comunión con
Por
Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Prefacio Propio
Te damos
gracias, Padre fiel y lleno de ternura, porque tanto amaste al mundo que le has
entregado a tu Hijo, para que fuera nuestro Señor y nuestro hermano.
Él manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños
y los pecadores.
Él nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su
palabra son para nosotros la prueba de tu amor; como un padre siente ternura
por sus hijos, así tú sientes ternura por tus fieles.
Por eso, te alabamos y te glorificamos y, con los ángeles y los santos,
cantamos tu bondad y tu fidelidad, proclamando el himno de tu gloria:
Acuérdate
también, Padre, de nuestros hermanos que murieron en la paz de Cristo, y de
todos los demás difuntos, cuya fe sólo tú conociste; admítelos a contemplar la
luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la vida en la resurrección.
Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también a
nosotros en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria.
En comunión con
Por
Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
[Indice][Misa]
La Iglesia, en camino hacia la unidad
Prefacio Propio
Te damos
gracias, Padre de bondad, y te glorificamos, Señor, Dios del universo, porque
no cesas de convocar a los hombres de toda raza y cultura, por medio del Evangelio
de tu Hijo, y los reúnes en un solo cuerpo, que es
Esta Iglesia
De esta forma se convierte en un signo de fidelidad a la alianza, que has
sellado con nosotros para siempre.
Por ello, Señor, te enaltecen el cielo y la tierra, y también nosotros, unidos
a toda la Iglesia, proclamamos el himno de tu gloria:
Haz que nuestra Iglesia de
N. se renueve constantemente a la luz del Evangelio y encuentre siempre nuevos
impulsos de vida; consolida los vínculos de unidad entre los laicos y los
pastores de tu Iglesia, entre nuestro Obispo N., y sus presbíteros y diáconos,
entre todos los Obispos y el Papa N.; que la Iglesia sea, en medio de nuestro
mundo, dividido por las guerras y discordias, instrumento de unidad, de
concordia y de paz.
Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos que murieron en la paz de
Cristo, y de todos los demás difuntos, cuya fe sólo tú conociste; admítelos a
contemplar la luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la vida en
Y
En comunión con
Por
Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
La Reconociliación como retorno al Padre
Prefacio Propio
En verdad es junto y necesario darte
gracias, Señor, Padre santo, porque no dejas de llamarnos a una vida plenamente
feliz.
Tú, Dios de bondad y misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los
pecadores a recurrir confiadamente a tu clemencia.
Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza; pero tú, en vez de
abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana, por Jesucristo, tu
Hijo, nuestro Señor, un pacto tan sólido que ya nada lo podrá romper.
Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un
tiempo de gracia y reconciliación, lo alientas en Cristo para que vuelva a ti,
obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo, y se entregue al servicio de
todos los hombres.
Por eso, llenos de admiración y agradecimiento, unimos nuestras voces a las de
los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor y proclamar la alegría
de nuestra salvación:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del
Universo.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Oh Dios, que desde el principio del mundo
haces cuanto nos conviene para que seamos santos como tú mismo eres Santo, mira
a tu pueblo aquí reunido.
Y derrama la fuerza de tu Espíritu, de manera que estos dones sean para
nosotros Cuerpo y + Sangre de tu amado Hijo Jesucristo, en quien nosotros somos
hijos tuyos.
Cuando nosotros estábamos perdidos y éramos
incapaces de volver a ti, nos amaste hasta el extremo.
Tu Hijo, que es el único justo, se entregó a sí mismo en nuestras manos para
ser clavado en la cruz.
Pero, antes de que sus brazos extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de tu alianza, quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
Mientras cenaba con ellos, Tomó pan, dando gracias, te bendijo lo partió y se lo dio, diciendo:
"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros".
Igualmente, después de haber cenado, sabiendo que él iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo por su sangre derramada en la cruz, tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, de nuevo te dio gracias y lo pasó a sus amigos, diciendo:
"Tomad y bebed todos de él, porque
éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será
derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haces esto en conmemoración mía".
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
o bien
Éste es el Misterio de la fe.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
o bien
Aclamad el Misterio de la redención
Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas
o bien
Cristo se entregó por nosotros.
Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.
Así, pues, al hacer el memorial de
Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz definitiva, y celebrar su muerte y
resurrección, en la esperanza del día feliz de su retorno, te ofrecemos, Dios
fiel y verdadero, la Víctima que devuelve tu gracia a los hombres.
Mira con amor, Padre de bondad, a quienes llamas a unirse a ti, y concédeles
que, participando del único sacrificio de Cristo, formen, por la fuerza del
Espíritu Santo, un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
Guárdanos a todos en comunión de fe y amor con el Papa N. y nuestro Obispo N.
Ayúdanos a preparar la venida de tu reino,
hasta la hora en que nos presentemos ante ti, santos entre los santos del
cielo, con Santa María, la Virgen, y los apóstoles, y con nuestros hermanos
difuntos, que confiamos a tu misericordia.
Entonces, en la creación nueva, liberada por fin de toda corrupción, te
cantaremos la acción de gracias de Jesucristo, tu Ungido, que vive eternamente.
Por Cristo con él y en él, a ti, Dios Padre
omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
Amén.
La Reconociliación con Dios, fundamento de la concordia humana
Prefacio Propio
Te damos gracias, Dios nuestro y Padre
todopoderoso, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, y te alabamos por la obra
admirable de la redención.
Pues, en una humanidad dividida por las enemistades y las discordias, tú
diriges las voluntades para que se dispongan a la reconciliación.
Tu Espíritu mueve los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unión.
Con tu acción eficaz consigues que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz; que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza.
Por eso, debemos darte gracias continuamente y alabarte con los coros celestiales, que te aclaman sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del
universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
A ti, pues, Padre, que gobiernas el
universo, te bendecimos por Jesucristo, tu Hijo, que ha venido en tu nombre.
Él es la palabra que nos salva, la mano que tiendes a los pecadores, el camino
que nos conduce a la paz.
Dios, Padre nuestro, nos habíamos apartado
de ti y nos has reconciliado por tu Hijo, a quien entregaste a la muerte para
que nos convirtiéramos a tu amor y nos amáramos unos a otros.
Por eso, celebrando este misterio de reconciliación, te rogamos que santifiques
con el rocío de tu Espíritu estos dones, para que sean el Cuerpo y + la Sangre
de tu Hijo, mientras cumplimos su mandato.
Porque él mismo, cuando iba a entregar su vida por nuestra liberación, estando sentado a la mesa, tomó pan en sus manos, dando gracias, te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros".
Del mismo modo, aquella noche, tomó el cáliz, y, proclamando tu misericordia, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
"Tomad y bebed todos de él, porque
éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será
derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía".
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
o bien
Éste es el Misterio de la fe.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
o bien
Aclamad el Misterio de la redención
Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas
o bien
Cristo se entregó por nosotros.
Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.
Señor, Dios nuestro, tu Hijo nos dejó esta
prenda de su amor.
Al celebrar, pues, el memorial de su muerte y resurrección, te ofrecemos lo
mismo que tú nos entregaste: el sacrificio de la reconciliación perfecta.
Acéptanos también a nosotros, Padre santo, Juntamente con la ofrenda de tu
Hijo, y en la participación de este banquete concédenos tu Espíritu, para que
desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia y la Iglesia
resplandezca en medio de los hombres como signo de unidad e instrumento de tu
paz.
Que este Espíritu, vínculo de amor, nos guarde en comunión con el Papa N. y
nuestro Obispo N. con los demás Obispos y todo tu pueblo santo.
Recibe en tu reino a nuestros hermanos que se durmieron en el Señor y a todos
los difuntos cuya fe sólo tú conociste.
Así como nos has reunido aquí en torno a la mesa de tu Hijo, unidos con María,
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre
omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
Amén.
Prefacio Propio
Dios y Padre nuestro, tú has querido que nos
reunamos delante de ti para celebrar una fiesta contigo, para alabarte y para
decirte lo mucho que te admiramos.
Te alabamos por todas las cosas bellas que has hecho en el mundo y por la
alegría que has dado a nuestros corazones.
Te alabamos por la luz del sol y por tu Palabra que ilumina nuestras vidas.
Te damos gracias por esta tierra tan hermosa que nos has dado, por los hombres
que la habitan y por habernos hecho el regalo de la vida.
De veras, Señor, tú nos amas, eres bueno y haces maravillas por nosotros.
Por eso todos juntos te cantamos:
Llenos están el cielo y la tierra de tu
gloria.
Hosanna en el cielo.
Tú, Señor, te preocupas siempre de nosotros
y de todos los hombres y no quieres estar lejos de ellos.
Tú nos has enviado a Jesús, tu Hijo muy querido.
Él vino para salvarnos, curó a los enfermos, perdonó a los pecadores.
A todos les dijo que tú nos amas.
Se hizo amigo de los niños y los bendecía.
Por eso, Padre, te estamos agradecidos y te aclamamos:
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Pero no estamos solos para alabarte, Señor.
La Iglesia entera, que es tu pueblo, extendida por toda la tierra, canta tus
alabanzas.
Nosostros nos unimos a su canto con el Santo Padre el Papa N., y nuestro Obispo
N.
También en el cielo
Con ellos y con todos los ángeles te cantamos el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del
universo.
Hosanna en el cielo.
Padre santo, para mostrarte nuestro agradecimiento, hemos traído este pan y este vino; haz que, por la fuerza de tu Espíritu, sean para nosotros el Cuerpo + y la Sangre de Jesucristo, tu Hijo resucitado.
Así podremos ofrecerte, Padre Santo, lo que
tú mismo nos regalas.
Porque Jesús, un poco antes de su muerte, mientras cenaba con sus apóstoles,
tomó pan de la mesa y, dándote gracias, te bendijo, lo partió y se lo dio,
diciendo:
"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros".
Del mismo modo, al terminar la cena, tomó el cáliz lleno de vino, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus amigos, diciendo:
"Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados.
Y les dijo también:
Haced esto en conmemoración mía".
Padre Santo, lo que Jesús nos mandó que
hiciéramos, ahora lo cumplimos en esta Eucaristía: te ofrecemos el pan de la
vida y el cáliz de la salvación proclamando así la muerte y resurrección de tu
Hijo.
Él es quien nos conduce hacia ti; acéptanos a nosotros juntamente con él.
Cristo murió por nosotros.
Cristo ha resucitado.
Cristo vendrá de nuevo.
Te esperamos, Señor Jesús.
Padre, tú que tanto nos amas, deja que nos
acerquemos a esta mesa santa para recibir el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
unidos como una sola familia en la alegría del Espíritu Santo.
A ti, Señor, que nunca olvidas a nadie, te pedimos por todas las personas que
amamos (en especial por N. y N.) y por todos los que han muerto en tu paz.
Acuérdate de todos los que sufren y viven
tristes, de la gran familia de los cristianos y de cuantos viven en este mundo.
Al ver todo lo que tú haces por medio de tu Hijo Jesús, nos quedamos admirados
y de nuevo te damos gracias y te bendecimos.
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre
omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
Amén
Prefacio Propio
En verdad, Padre bueno, hoy estamos de
fiesta: nuestro corazón está lleno de agradecimiento y con Jesús te cantamos
nuestra alegría:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Tú nos amas tanto, que has hecho para
nosotros este mundo inmenso y maravilloso. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Te alabamos por la luz del sol y por tu
Palabra que ilumina nuestras vidas.
Tú nos amas tanto, que nos das a tu Hijo, Jesús, para que él nos acompañe hasta
ti. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Tú nos amas tanto, que nos reúnes con Jesús
como a los hijos de una misma familia. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Por ese amor tan grande queremos darte gracias y cantarte con los ángeles y los santos que te adoran en el cielo:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios
del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo
Bendito sea Jesús, tu enviado, el amigo
de los niños y de los pobres.
Él vino para enseñarnos cómo debemos amarte a ti y amarnos los unos a los
otros.
Él vino para arrancar de nuestros corazones el mal que nos impide ser amigos y
el odio que no nos deja ser felices.
Él ha prometido que su Espíritu Santo estará siempre con nosotros para que
vivamos como verdaderos hijos tuyos.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
A ti, Dios y Padre nuestro, te pedimos que nos envíes tu Espíritu para que este pan y este vino sean el Cuerpo y la Sangre de Jesús, nuestro Señor.
El mismo Jesús, poco antes de morir, nos
dio la prueba de tu amor.
Cuando estaba sentado a la mesa con sus discípulos, tomó el pan, dijo una
oración para bendecirte y darte gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos,
diciéndoles:
"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros".
¡Señor Jesús, tú te entregaste por nosotros!
Después, tomó el cáliz lleno de vino y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
"Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados".
Y les dijo también:
Haced esto en conmemoración mía".
Por eso, Padre bueno, recordamos ahora
la muerte y resurrección de Jesús,
Él se ha puesto en nuestras manos para que te lo ofrezcamos como sacrificio
nuestro y junto con él nos ofrezcamos a ti.
¡Gloria y alabanza a nuestro Dios!
¡Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias!
Escúchanos, Señor Dios nuestro; danos tu Espíritu de amor a los que participamos en esta comida, para que vivamos cada día más unidos en la Iglesia, con el Santo Padre, el Papa N., con nuestro Obispo N., con los demás obispos, y todos los que trabajan por tu pueblo.
¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!
No te olvides de las personas que amamos
ni de aquellas a las que debiéramos querer más.
Acuérdate también de los que ya murieron y recíbelos con amor en tu casa.
¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!
Y un día, reúnenos cerca de ti con María
la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, para celebrar en tu reino la gran
fiesta del cielo.
Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor, podremos cantarte sin fin.
¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios
Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
Amén
Prefacio Propio
En verdad, Padre bueno, hoy estamos de
fiesta: nuestro corazón está lleno de agradecimiento y con Jesús te cantamos
nuestra alegría:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Tú nos amas tanto, que has hecho para
nosotros este mundo inmenso y maravilloso. Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Te alabamos por la luz del sol y por tu Palabra que ilumina nuestras vidas.
Tú nos amas tanto, que nos das a tu Hijo,
Jesús, para que él nos acompañe hasta ti.
Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Tú nos amas tanto, que nos reúnes con Jesús
como a los hijos de una misma familia.
Por eso te aclamamos:
¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas!
Por ese amor tan grande queremos darte gracias y cantarte con los ángeles y los santos que te adoran en el cielo:
Te damos gracias, Señor.
Tú nos has creado para que vivamos para ti y nos amemos los unos a los otros.
Tú quieres que nos miremos y dialoguemos como hermanos, de manera que podamos
compartir las cosas buenas y también las difíciles.
Muchas veces has ofrecido a los hombres tu
amistad y por medio de los profetas nos has enseñado a esperar en tus promesas.
Cuando llegó el tiempo, que tu pueblo había deseado tanto, nos mandaste a tu
único Hijo como hermano mayor de nuestra familia, para que todos pudiéramos
vivir como amigos tuyos.
Cuando él vuelva al fin del mundo nos invitará a la fiesta de la vida en la
felicidad de su casa.
Te damos gracias, Señor, porque en tu amor
creaste el mundo y no abandonaste en el mal a los hombres que habían pecado,
sino que viniste a su encuentro.
Ahora nos has mandado a tu querido Hijo Jesús, como luz que resplandece en las
tinieblas.
Él era rico y se hizo pobre por nosotros, para que nosotros fuéramos ricos con
su amor.
Te damos gracias, Señor, porque haces cosas
maravillosas para darnos a conocer lo bueno que eres.
No sólo a los buenos sino también a los malos les concedes días repletos de
flores, de frutos y de muchas cosas buenas, para que las admiremos y juntos
gocemos de ellas.
Por eso, Padre, estamos contentos y te damos
gracias.
Nos unimos a todos los que creen en ti, y con los santos y los ángeles te
cantamos con gozo:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del
universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
Señor, tú eres santo.
Tú eres siempre bueno con nosotros y misericordioso con todos.
Te damos gracias, sobre todo, por tu Hijo Jesucristo.
Él quiso venir al mundo porque los hombres
se habían separado de ti y no lograban entenderse.
Él nos abrió los ojos para que veamos que todos somos hermanos y que tú eres el
Padre de todos.
Él nos reúne ahora en torno a esta mesa,
porque quiere que hagamos lo mismo que él hizo en
Padre bueno, envía tu Espíritu para santificar este pan y este vino, de manera que sean el Cuerpo + y la Sangre de tu Hijo Jesucristo.
Porque Jesús, antes de morir por nosotros, mientras estaba cenando por última vez con sus discípulos, tomó el pan, te dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros"
Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino, te dio gracias de nuevo y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
"Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados".
Y les dijo también:
Haced esto en conmemoración mía".
Por eso, Padre Santo, estamos reunidos
delante de ti y recordamos llenos de alegría todo lo que Jesús hizo para
salvarnos.
En este santo sacrificio, que él mismo entregó a la Iglesia, celebramos su
muerte y su resurrección.
Padre, que estás en el cielo, te pedimos que nos recibas a nosotros con tu Hijo
querido.
El aceptó libremente la muerte por nosotros, pero tú lo resucitaste.
Por eso, llenos de alegría, te cantamos:
Señor, tú eres bueno,
te alabamos,
te damos gracias.
Él vive ahora junto a ti
Y está también con nosotros.
Señor, tú eres bueno,
te alabamos,
te damos gracias.
Él vendrá lleno de gloria al fin del mundo
Y en su reino no habrá ya pobreza ni dolor,
Nadie estará triste, nadie tendrá que llorar.
Señor, tú eres bueno,
te alabamos,
te damos gracias.
Padre Santo, tú nos has llamado a esta mesa,
para que en la alegría del Espíritu Santo, comamos el Cuerpo de tu Hijo.
Haz que este Pan de vida eterna nos dé fuerza y nos ayude a servirte cada día
mejor.
Acuérdate, Señor, del santo Padre el Papa N., de nuestro Obispo N., y de todos
los Obispos.
Ayuda a todos los que creemos en Cristo, para que trabajemos por la paz del mundo y sepamos comunicar a los demás nuestra alegría.
Acuérdate también de nuestros hermanos que han muerto, admítelos a contemplar la luz de tu rostro; y concédenos que todos, un día, junto con Cristo, con María, la Madre de Jesús, y todos los santos, vivamos contigo en el cielo para siempre.
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre
omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos.
Amén.